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SANTIAGO
VALENZUELA
SANTIAGO VALENZUELA (San Sebastián, 1971)
Su primer contacto con la música popular es vía
patio de luces en un bloque de vecinos, dada la escasa
melomanía de sus mayores y la subsiguiente ausencia
en el hogar de transistores y equipos de hi-fi. Por los
muros desconchados y setenteros del inmueble recuerda
oír bajar las notas del Abanibi-aboebé
y del Te estoy amando locamenti de las Grecas,
y ahí quedó ya todo un poco fijado para
siempre, para bien y para mal. Increíblemente duro
de oído, física y metafóricamente,
renunció ipso facto a todo intento frente a los
focos de la fama y la charanga y la pandereta y se introdujo
en oscuras labores indoors, mal remuneradas y peor consideradas,
por ejemplo la perpetración de tebeuchos de dudosa
factura y pecaminoso backround, poco ágiles y atosigados
de texto. Ebrio de soledad, intenta ahora una reentré
con los amigos de siempre, abandonando el canto a capella
y electrificándose como Robert Zimmerman en el
festival aquel, para escándalo de nadie.
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